Alguien me dijo una vez que lo primero, lo mejor que podemos hacer cuando nos pasa algo es ponerle un nombre a lo que sentimos para empezar a superarlo. Hay veces que es sencillo: todos sabemos cuándo estamos contentos; en cambio, hay otras en las que nos confundimos. Por ejemplo, la mayoría de las veces que creemos estar enfadados cuando, en realidad, estamos tristes o decepcionados. Y no quita que la tristeza o la decepción nos puedan producir enfado, pero no es este el sentimiento verdadero o principal, sino lo que a los ojos de los demás reflejamos.
La decepción, el peor de los sentimientos que existe. Te hace sentir un vacío y un dolor interno insoportables, imposibles de calmar con ningún medicamento de los de receta. La única cura que tiene es el perdón; pero, si la decepción te la produce alguien que de verdad te importa, alguien por quien tú has apostado todo y has dado lo mejor de ti y, ese alguien, cuando realmente lo has necesitado, cuando más hundid@ estabas, te ha fallado, entonces estás realmente jodid@, pues ya nada volverá a ser lo mismo, siempre quedará esa sensación de desconfianza.
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