lunes, 7 de julio de 2014

Hoy, como cada noche, te recuerdo.

Pocas veces me paro a escribirte, lo sé, pero no es porque te haya olvidado ni porque hayas dejado de ser la persona tan importante que eras para mí, pues eso no lo cambia ni el paso del tiempo. Aunque hayan pasado casi cuatro años, tu ausencia se sigue notando, por supuesto, igual o incluso más que antes; sobre todo cada vez que consigo aquello de lo que no me veo capaz, ya que sigo convencida de que eres tú mi principal fuente de fuerza, a pesar de que este año casi haya sido capaz de tirar la toalla por completo; pero bueno, no lo hice, pues debes saber que aquí abajo estoy rodeada de personas maravillosas que no me lo permitirían jamás, así que permanece tranquilo.
En este tiempo, me han dicho que he cambiado, que he "crecido". Ya sabes lo mucho que he odiado siempre crecer, pero es lo que toca, crecer y aprender a vivir extrayendo lo mejor de cada día, pues por muy negro que veamos el cielo, las estrellas siempre están encima, solo hay que saber dónde mirarlas. Yo tengo la mejor estrella de ahí arriba, la que más brilla y la más bonita. Yo te tengo a ti, papá, mi héroe, y te juro que ni por todo el oro del mundo te cambiaría. Te adoro grandullón.